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jueves, 28 de noviembre de 2013

¿Donde nace el amor?




A la generalidad de la gente les es sumamente difícil entender aquello de porque el amor nace en el corazón, cuando se nos ha enseñado que la mayoría de nuestras emociones son un proceso que comienza por la percepción de nuestros sentidos y las reacciones que se generan en nuestro cerebro parten de esos estímulos. Sin embargo hay razones suficientes por las que tiene un sentido lógico que; el amor comienza en el corazón y, esto tiene principios históricos y prácticos.

De todos los tiempos el corazón tiene una profunda simbología del pensamiento emocional y centro espiritual del ser humano. La palabra latina “cor” es base de la palabra castellana “corazón” que se define como la parte central de un objeto (en ingles core, o núcleo en español), la generalidad de las doctrinas y filosofías como los Upanishads, Judíos, Cristianos, Budistas y otros, tienen al corazón como el núcleo del ser, que se conecta directamente con la divinidad.

La base física verdadera para esta manida conexión entre el corazón humano y la fuente de la vida es, el propio latido, el pulso rítmico que lleva la sangre vivificante por todo el cuerpo, es la manifestación más precisa de la energía vital en el organismo humano, el latido rítmico del corazón, caracteriza todas las cosas vivas tal, como en el sonido y la luz que transportan en ondas de energía nuestro universo físico.

Así como muchas de nuestras creencias comunes, una comprensión más clara de porque amamos con el corazón, requiere mirar hacia atrás en la historia de nuestros antepasados, en la antigua Grecia. Ellos, los griegos creían que el corazón era el centro de todo, de la misma forma que ahora concebimos a nuestro cerebro como la sede de todo lo que nos rodea. Aristóteles enseñó que el corazón controla toda la razón, la emoción, inclusive nuestros pensamientos discursivos. Entonces; para un griego antiguo como Aristóteles solo tendría sentido que, el amor surge del corazón y de esta, manera esta enseñanza se transmitió a los romanos.


Galeno, el médico que creo las bases para gran parte de la medicina moderna, tenía una visión teórica del sistema circulatorio. Según esta teoría, el corazón es donde las emociones se gestaban, mientras que el pensamiento racional se procreaba en el cerebro y las pasiones tenían su origen en el hígado. Por su parte los egipcios tenían al corazón como órgano y motor del amor. La mitología egipcia dice; que el corazón contiene la esencia vital del alma, de tal manera que al morir se pesaba contra una pluma para decidir si esta persona iría al paraíso.


Hemos aprendido que el cerebro es donde se procesa todo lo que nos sucede, por lo que es difícil imaginar en un sentido literal, que el amor se procese en el corazón. Pero si analizamos con propiedad, podemos observar que la mayoría de nuestras emociones se asocian con los otros órganos. Sentimos mariposas en el estómago cuando estamos nerviosos, el miedo y las decisiones difíciles se reflejan en nuestros intestinos (sentimiento visceral), y el dolor intenso lo cargamos en nuestro pecho.

Todo esto tiene sentido, si nos fijamos en las respuestas fisiológicas a emociones y, el hecho de que las sentimos más agudamente en órganos que nada tienen que ver con nuestro cerebro. Luego entonces, para entender el amor desde el corazón, no es necesario mirar más allá de las reacciones fisiológicas básicas que la generalidad de nosotros hemos experimentado personalmente y, en las que los mismos griegos basaban sus creencias,

El estado de emoción, un estado adherido fielmente tanto al amor como la atracción sexual, se siente ante todo en el corazón, cuando el cuerpo se prepara para algo interesante, la frecuencia cardíaca aumenta para acrecentar el flujo de sangre por todo el cuerpo. La aceleración del corazón, más que cualquier pensamiento que pudiera asaltar el cerebro es, sin duda lo que se ha asociado a este órgano, como el órgano del amor.

La sociedad del corazón con el amor es, de total aceptación en nuestra cultura, esto se debe a que no solo podemos asociar a los sentimientos como visos de nuestra imaginación, sino también, los podemos ubicar como procesos verdaderos del cuerpo que los ocasionan. Al sentirnos abatidos o alegres, indiferentes o afectuosos, algo pasa en el cuerpo que nos hace sentir así, lo que ocurre podemos describirlo como el aumento o una disminución de la excitación del cuerpo, es decir; diferentes frecuencias de vibración producidas por la pulsación básica del corazón.

El flujo de la sangre y los fluidos corporales hacia la superficie o hacia el centro del cuerpo representan la reacción de una persona ante su medio. Si este es acogedor, positivo y vitalista, la sangre se precipitará hacia la superficie y, la persona se abocará a establecer contacto y estos movimientos terminarán por engendrar, sentimientos de afecto y placer o si la excitación es más intensa de amor y alegría. La angustia, el dolor, hacen que la sangre se retire de la superficie del cuerpo hacia el centro, congestionando al corazón, produciendo a su vez sensación de pesadez y desesperanza.

En la excitación sexual, el contacto íntimo tiene lugar en partes del cuerpo en que la sangre llega muy cerca de la superficie, a estos puntos se les conoce como zonas erógenas. Cuando las zonas erógenas entran en contacto, la excitación corporal se eleva a los más altos niveles humanamente posibles, debido a un incremento apreciable del flujo de sangre por la superficie del cuerpo, por esto a la sangre se le considera la portadora de Eros y al corazón el hogar de Eros.

Los psicólogos, definen las emociones como una combinación de procesos cognitivos, sensaciones y acciones, significa que el amor, no solo incluye lo que sentimos, sino también como lo procesamos y como reaccionamos a este sentimiento. La fisiología del amor romántico no se ha estudiado ampliamente, la ciencia ha realizado un estudio donde se muestra al amor como una emoción compleja catalizada por 12 áreas especificas del cerebro, la red del amor de la cual se pueden rastrear los síntomas de la atracción profunda provenientes de fuentes lógicas y de la producción de químicos en el cerebro.






                                                                                             

miércoles, 22 de agosto de 2012

INTELIGENCIA ARTIFICIAL



INTELIGENCIA ARTIFICIAL
La inteligencia artificial se encarga del diseño y creación de máquina muy sofisticadas capaces de tener comportamientos inteligentes, simulando el comportamiento de la mente humana. Para la comprensión de cómo surge la inteligencia artificial es necesario retrotraernos unos años, hasta llegar a la informática tradicional, especialidad que utiliza los ordenadores para resolver trabajos y darle solución a problemas por el uso de sucesión predefinida de cálculos numéricos.

La informática se encontró con infinidad de tareas y problemas que no eran posibles resolver de esa manera. Un ejemplo de esto es el juego de ajedrez: si intentamos programar un computador para que calcule las posibles combinaciones de jugadas desde el inicio del juego, nos encontramos con que esto sobrepasa su capacidad. No obstante esta tarea como muchas otras (mantener una conversación, conducir, hacer deporte etc.), que no puede resolver la informática tradicional, es realizada con facilidad por los seres humanos.

La mente humana

 Por lo que se supone que, la mente humana además de realizar cálculos, es capaz de trabajar con otro tipo de estrategias para procesar la información que recibe. Todas estas actividades precisan un cierto grado de inteligencia. Llegar a este punto es; ¿sería posible programar los ordenadores de esa “otra forma” para poder enfrentar este tipo de trabajo y problemas? Tratar de dar respuesta a esta pregunta dio origen a la inteligencia artificial, término implementado por John McCarthy, que se proponía por una parte, profundizar en el conocimiento de cómo resuelven las personas este tipo de tareas y, por otra, imaginar una nueva forma de programar ordenadores capaces de recoger la forma de pensar de la mente humana.

Por esto, la inteligencia artificial queda definida como un campo de investigación interdisciplinaria (surgido de la informática y en conexión con la psicología, la neurología, etc.), que señalaría a reproducir comportamientos inteligentes, imitando la forma de razonar de la mente humana. Aunque la inteligencia artificial nació a mediados de los años cincuenta, si acogemos el término en un sentido global, es decir, entendido como el diseño y construcción de máquinas pensantes encontramos ya éstas ideas, en la Grecia antigua con Aristóteles.

En los árabes medievales, en la obra de Ramón Llull y en el Renacimiento, época en que aparecieron los primeros autómatas, con la única función de entretener a la nobleza. Jacques Vaucanson construyó su famoso pato mecánico que graznaba e incluso imitaba la conducta de comer y defecar, De ese tiempo datan también los primeros fraudes, como la máquina que jugaba el ajedrez y que, en realidad, estaba manipulada por una persona escondida en su interior. En el siglo XIX un investigador excéntrico llamado Babbage construyó la primera máquina analítica, mediante engranajes de madera cuyo coste excesivo lo llevó a la ruina.

Ordenadores modernos

Entre ruinas fraudes y avances científicos se llega al siglo XX, en que aparecen los ordenadores modernos. Pero es también el tiempo en que aparece la discusión sobre si es posible calificar de inteligente a una máquina: no es lo mismo ser capaz de llevar a cabo tareas concretas que realizan los seres inteligentes, que ser inteligentes. Para 1950, Alan Turing, uno de los pioneros de la inteligencia artificial, propuso como test para dar con la respuesta a esta cuestión el diálogo con la máquina; si no nos es posible distinguir sus respuestas de las de un hombre, entonces es inteligente.

Cuando apareció la inteligencia artificial como una nueva disciplina se le auguró un avance espectacular, y que realmente no cumplió estas expectativas, por lo que tuvo que enmarcarse en objetivos más modestos. Pasado los primeros tiempos de euforia, devino una época oscura de la que se salió a mediados de los años sesenta, con los primeros éxitos en los llamados sistemas expertos, máquinas preparadas para realizar tareas muy especializadas, algunas incluso mejor que el hombre.



Entre ellas es bueno resaltar el sistema Mycin aplicado al campo de la medicina, que ha obtenido un porcentaje de aciertos en el diagnóstico de enfermedades infecciosas superior al de un médico; los programas de ajedrez que han vencido a campeones como; Gary Kasparov, el ordenador que simula la personalidad de una persona paranoide, los ordenadores músicos que crean composiciones musicales, e incluso un robot pianista que ha tocado en las mejores orquestas de Japón.

Período IV

Finalmente; se podría hablar de un cuarto período en la inteligencia artificial, con la aparición de los sistemas de redes neuronales, que simulan las facultades superiores de la inteligencia. El mayor reto que tiene esta disciplina ahora, es crear robots con sentido común, que aprendan con la experiencia y que desarrollen por si solas cierto nivel de inteligencia, Tenemos a CYC, cuyas reglas de razonamiento le permiten entender que si rompe un trozo de madera se obtienen dos pedazos más pequeños, pero que de una mesa rota, no se sacan dos mesitas.

El proyecto de robot inteligente más ambicioso es COG, cuya meta es desarrollar una inteligencia comparable a la de un niño de dos años. ¿Hacia dónde nos lleva la inteligencia artificial? Hay quienes imaginan un avance progresivo de las máquinas con la posibilidad de que la humanidad sea sustituida por computadores superinteligentes, hay quienes le echan la culpa a la literatura de especular con ciencia ficción y al cine fantástico de alimentar nuestra imaginación y aseguran que no puede plantearse la creación de un ser semejante, a nosotros; la inteligencia humana supera la artificial, y esta está al servicio del hombre. 

 




http://artigoo.com/usuario/gerag