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miércoles, 2 de abril de 2014

A pesar de todo les gusta trabajar



A pesar de todo les gusta trabajar


En época reciente, se ha descubierto un caso sorprendente en el caso de las mujeres. Acompasadamente las que laboran en el hogar o fuera del mismo, parecen similares en cuanto a niveles de complacencia. Lo cual nos hace pensar, en la probabilidad de que cada circunstancia, tenga sus ventajas y sus costos.

En nuestros días el trabajo doméstico no goza del mayor prestigio, (es antipática la forma peyorativa con que son calificadas las amas de casa en ciertos sectores), y aísla socialmente a las mujeres, tampoco disfrutan de demasiadas dosis de reforzamiento, el trabajo en una empresa cualquiera, o el operar una caja registradora, aparte del doble papel al que muchas mujeres con hijos se ven forzadas, lo que puede desestabilizar su carácter.

Sin embargo, en la actualidad se suavizan algunos efectos negativos de ciertos trabajos rutinarios o escasamente valorados para la imagen propia, en virtud al sinnúmero de actividades paralelas que los sujetos ejercen (cónyuge, progenitores, deportistas, etc.), lo cual supone distender los efectos de ciertos conflictos en las áreas más importantes; la afectiva y laboral.


El sujeto a veces es alcanzado por la jubilación, inclusive; en edades previas a las normales (jubilaciones anticipadas), para muchos; motivo de alborozo y reconciliación con la vida, para otros en cambio, poco preparados para esta situación, podrán verse afectados por el retiro y no gozar de las posibilidades de ocio que se les presentan. Sufre su autoestima, intentan seguir trabajando, sin que esta posible solución, excepto en casos muy particulares, con niveles de autoridad y prestigio muy notables, les da la sensación de haberse convertido en alguien ya prescindible, situado fuera de la realidad social.

¿Cuándo es celebrada la jubilación?


Cuándo se ha planificado; se goza de buena salud, el nivel de vida se mantiene e inclusive se mejora, cuándo se posee un nivel cultural  adecuado, cuándo se emplea el ocio constructivamente a la situación personal, si la personalidad tiene un nivel apropiado de flexibilidad. En estos casos la jubilación (retiro laboral), puede convertirse en una etapa de fructífera felicidad.







viernes, 23 de noviembre de 2012

HIPOCONDRÍA

hipocondría


La descripción de la hipocondría es tan vieja como los siglos, como la historia de la medicina. En la ancestral época hipocrática, los síntomas eran considerados como alteraciones corporales, y los griegos asociaban los cambios mentales con variaciones orgánicas en la región situada debajo del hueso xifoides (hipocondrio).

Para el siglo XVII, ya se instauró el término tal y como nos ha llegado a nuestros días; se le debe a un médico inglés, el doctor Burton, quien habla de la <<hipocondriasis>> y la define como un <<miedo aprensivo a padecer enfermedades que se escuchan o leen, aplicándolas a uno mismo, lo cual agrava o incremente el cuadro…>>. ¿Qué es un hipocondríaco? Los hipocondríacos se destacan por la preocupación, el miedo o la creencia de sufrir una enfermedad grave, a partir de la interpretación no realista de signos o sensaciones físicas que se consideran pruebas de la enfermedad temida.

Perceptores desmedidos de las sensaciones corporales, los hipocondríacos las exageran en su mente, interpretándolas de manera inadecuada, con lo que desarrollan torturantes pensamientos obsesivos de tipo catastrófico, que les producen una sensación de amenaza y temores recurrentes.
Sin embargo el hipocondríaco llega a comprender que sus temores no son del todo confiables, y aún así no puede dejar de estar pendiente de cualquier cambio corporal y de la certeza de que sobre él van a caer el sufrimiento de una enfermedad que le llevará inexorablemente a la muerte.
imaginario


No son enfermos de la imaginación

Todo esto lo lleva a vivir centrado en un horror a las enfermedades, que además se exacerba con facilidad ante cualquier información que recibe. Hoy día, en los canales de información son tan reales y existe una preocupación extrema por la salud, que el hipocondríaco se ve sometido a tal asedio de estímulos, que no es raro que los médicos se vean agobiados  por las constantes consultas de los pacientes <<imaginarios>>, dicho a la manera de Moliere. Pero no se vaya a creer que son enfermos tan imaginarios como el personaje literario.

Todo lo contrario: los hipocondríacos sufren verdadera y permanente angustia, e incluso no es nada raro que sufran de verdaderos cuadros depresivos.

Sufrir en vano

 Los hipocondríacos son entre el 15 al 20 por ciento de los pacientes en la consulta de los médicos. No obstante, se considera que en la población en general las cifras pueden incluso llegar al 34 por ciento de la población global, lo cual es horroroso si se piensa en los costes tanto personales como familiares y somáticos que ello produce. No hay diferencias importantes entre sexos, pues la hipocondría se esparce en todas las edades y condiciones. Los hipocondríacos son enfermos y la hipocondría en sí es un trastorno nada <<imaginario>>, es una enfermedad reconocida en todas las clasificaciones internacionales.