lunes, 24 de septiembre de 2012

EL SUTIL ENCANTO DEL ENAMORAMIENTO

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El sutil encanto del enamoramiento
Una atracción irresistible hacia una persona y que prácticamente nos llega a absorber sin medida es lo que llamamos enamoramiento. Emoción, pasión y sentimiento interactuando entre sí, que a su vez proponen entusiasmos eróticos interpersonales. 

Con la afinidad y el deseo se asocia un estado de encantamiento por una persona en especial, que se percibe como única e irresistible, convirtiéndose en lo más importante de nuestras vidas, promoviendo impulsos de unión, posesión, entrega, y gozo con el otro.

Sentimientos

La reciprocidad en los sentimientos de ternura, se juntan a las fantasías y los comportamientos de proximidad, contacto y compromiso. Cuando pensamos y vemos a esa persona se nos produce una taquicardia, la respiración se nos hace anhelante y sentimos que nos invaden oleadas de calor. En algunas ocasiones hay sujetos que se enflaquecen. Por supuesto que todo depende de la cantidad y calidad de las cenas conjuntas de los enamorados y generalmente los ojos toman un brillo inusitado durante esta época.

Comúnmente los enamorados hablan muchísimo o se cierran en un silencio ensoñador, se sienten alegres, casi de euforia, incluso languideciendo de añoranza, hasta llegar al despecho cuando no son correspondidos. Raramente; alguna gente no ha experimentado este estado en su vida. Y mayormente, aunque le teme un poco por su capacidad de alterar el ánimo, o por el sufrimiento o placer intenso que comporta de forma aleatoria, lo recuerda con cariño, como si estar enamorado por lo menos una vez en la vida, fuera una meta vital que nuestra cultura nos carga muy sutilmente.

amor

Importancia vital

 Hay dos puntos de importancia vital en los que en la generalidad de teorías sobre el enamoramiento coinciden: la persona que se haya en ese estado; debe sentirse fisiológicamente excitada cerca del ser amado, además, debe interpretar que esas sensaciones experimentadas se pueden considerar amor.
En el enamoramiento se obnubilan la conciencia y las percepciones, se sobreexcita la sensibilidad y, a veces, la preocupación constante por las querencias y los pensamientos de la persona amada toma visos obsesivos. Así mismo la necesidad de verla, de mirarla, de saber cosas de ella, resultando a veces en conductas compulsivas, como mirar con insistencia un retrato suyo cuando no se está a su lado, como escribir recurrentemente su nombre, recordar cada palabra pronunciada por ella o tocarla de forma constante al estar juntos.

Un profesional que no conociera su situación como es, el ánimo de la persona enamorada, podría parecerle un estado maníaco o una conducta bastante parecida a la adicción. El enamorado necesita de la presencia y el cariño del ser amado como de una droga, y se siente débil y vacío sin esa dosis cotidiana, ya sea por carta, cara a cara o por teléfono. Lejos de cualquier desvarío los enamorados fluctúan entre el romanticismo inconcreto y la obsesión, y se sienten transportados por la euforia de la ternura y el reforzamiento mutuo detallista y cuidadoso. Capaz de las distorsiones perceptivas más ansiosas.




                                                                                     

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