martes, 11 de abril de 2017

La promiscuidad frena la evolución

La promiscuidad frena la evolución
Una investigación con aves demuestra que, al contrario de lo que se creía, la conducta promiscua disminuye las posibilidades de que surjan nuevas especies.

Como ya estableció Charles Darwin con su teoría de la evolución, las nuevas especies de seres vivos nacen cuando el mecanismo de la selección natural favorece los rasgos de ciertos individuos, transmitidos genéticamente a su descendencia. En este fenómeno, conocido como especiación, desempeña un rol fundamental el aislamiento geográfico y la adaptación al entorno.
Aunque parece ser que uno de los factores que también entran en juego es la mayor o menor promiscuidad entre los miembros de las especies, como ha puesto de relieve una nueva investigación dirigida por el Centro para la Evolución de la Universidad de Bath, en Inglaterra.
Cópula de los gansos
Tras analizar la estructura genética de varias poblaciones de aves limícolas a lo largo del tiempo, los científicos observaron que las más promiscuas (es decir, las que procreaban con más de un compañero durante una temporada), presentaban una diversidad en su ADN menor que las aves con costumbres monógamas. Y esto es una sorpresa, porque contradice por completo la hipótesis más extendida, según la cual las especies con menos “monotonía” sexual adquieren mayor variabilidad genética –se mezclan más– y, por lo tanto, multiplican sus posibilidades de diversificarse.
En realidad, las aves promiscuas –explican los investigadores en la revista Evolution– diluyen dichas diferencias genéticas al buscar nuevas parejas para aparearse en distintos puntos geográficos. Por el contrario, los ejemplares monógamos no se mueven del lugar de crianza durante toda la temporada, lo que refuerza la adaptación al entorno y, en consecuencia, las probabilidades de desarrollar rasgos propios hasta constituirse en una nueva especie.
Tamás Székely, supervisor de la investigación, lo explica así: “Las aves promiscuas a veces viajan hasta cientos de kilómetros para encontrar una pareja de su gusto. En Madagascar, nosotros hemos observado que los chorlitos con ese comportamiento eran similares desde el punto de vista de su ADN en toda la isla, mientras que los monógamos presentaban diferentes composiciones genéticas incluso entre localizaciones cercanas”. Es de prever que estos últimos acaben divergiendo hasta convertirse en nuevas especies. 
Fuente/Pablo Colado

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