lunes, 31 de mayo de 2010

NIÑEZ Y APRENDISAJE



El ser humano en su niñez pasa la mayor parte del tiempo en la escuela, esta es una etapa particularmente difícil y crucial que lo va a marcar para toda la vida. Donde los éxitos y fracasos obtenidos en esta instancia determinan pronunciadamente el nivel de competencia o en su defecto su incompetencia que presenta de si mismo. Se acostumbra entender que el niño fracasa en la etapa escolar cuando sus notas no rebasan el nivel medio deseado, se queda o debe repetir algún curso.

En este único criterio valoramos el aparente fracaso escolar en función de un rendimiento deficitario o problema centralizado en el niño. Las cifras de fracaso son demasiado importantes para que debamos pensar que el problema radica solamente en el alumno. En esto hay que considerar el fracaso escolar visto desde el punto de vista del niño como desde las exigencias a que se ve sometido.



Los programas de estudio son cada vez más densos en contenidos y se ofrecen al alumno cada vez más tempranamente sin que haya un motivo para suponer que los niños tendrán la capacidad para asimilarlos o comprenderlos a una edad más temprana.

La escuela tal cual está planteada tiene como objetivos específicos que el niño aprenda unos contenidos que han sido determinados para que apruebe el indicador de éxitos establecido.



A la mayor densidad en los programas hay que agregarle los déficits en los objetivos académicos como son: enseñar a los niños a desarrollar sus propias estrategias para aprender en función de su manera de ser y de su temperamento y así a desarrollar hábitos de trabajo, dándole un mayor valor al esfuerzo y al interés del propio niño. Para conseguir estas premisas es necesario que el docente considere a cada niño en función de sus capacidades reales y no en razón o en función del resultado medio del grupo, es claro que la motivación en el aprendizaje se mantiene si el niño ve valorados sus progresos y aprecia objetivos fácilmente alcanzables.



Tener como referencia al nivel medio del grupo puede representar un salto de altísima importancia desde la cual el alumno sabe hacer hasta lo que se le plantea que debe aprender. En general la evolución de los niños no es totalmente homogénea en todos sus aspectos y he ahí las diferencias en la adquisición en suma de los aprendizajes.

MIEDOS, TEMORES EN LA INFANCIA

En épocas de la infancia, los miedos y los temores son algo común. La experiencia de nosotros los padres nos da el conocimiento de saber que los niños en la edad que comprende desde el nacimiento hasta los 5 años. Estas reacciones aparecen en situaciones anormales en la vida del niño, como los ruidos intensos, cosas extrañas o por la presencia de personas desconocidas; en este caso los bebés reaccionan con llanto en estas circunstancias. Los temores en realidad aumentan hacía los tres años, una edad en la que normalmente pueden padecer más de un tipo de miedo, sin que esto sea considerado anormal o patológico. En este período de los tres años los niños; sus miedos más comunes son los animales, la oscuridad, los monstruos, fantasmas o seres imaginarios.



En la adolescencia hacen su aparición otros miedos, que tienen que ver más con aspectos sociales que a objetos concretos. En episodios donde hay situaciones nuevas, a tener relación o a hablar con personas desconocidas, o el miedo a hacer el ridículo. Los miedos se consideran patológicos cuando rebasan más allá de la edad normal. E igualmente cuando son extraordinarios en relación al estímulo que los causa o cuando se consideran irracinales y causan dificultades en el ritmo de vida del niño o del adolescente. En estos casos es mejor consultar con el especialista para que indique la mejor forma de tratarlo.

TIP

Unos científicos rusos han obtenido imágenes detalladas de los órganos internos de un mamut. El animal tenía 3 o 4 meses de edad cuando murió y, fue hallado intacto en Rusia, en el hielo ártico de la región de Yamalo-Nenets. “Es el ejemplar mejor conservado que hay, no solo de mamut, sino de cualquier otro animal prehistórico”, dijo Alexei Tikhonov, subdirector del Instituto Zoológico de la Academia de Ciencia de Rusia. La tomografía computarizada, parecida a la que se realizan a pacientes humanos, mostró que el mamut no tenía ninguna herida. El hecho de que las vías respiratorias y el aparato digestivo estuvieran “obstruidos” con lo que parecía ser lodo lleva a los científicos a la conclusión de que “debió de morir ahogado”